Las sabidurías de la Antigüedad. Contrahistorias de la filosofía I de Michel Onfray

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​Invocar a Aristipo es apelar a este lugar común: es el filósofo del placer y, como tal, no habría que perder el tiempo en buscar en él materia alguna de reflexión. Por el simple hecho de su reputación, sería inútil esforzarse en buscar textos, páginas, obras o testimonios útiles para superar los clichés que se han conservado contra los cirenaicos. Estos importantes filósofos han sido clasificados bajo la misma etiqueta que los cínicos, han sido presentados como bufones, borrachos, juerguistas, alegres y todo lo que permite convertirlos en cómicos, pero, sobre todo, impide imaginarlos como pensadores. Aristipo, con falda, perfumado en el ágora, aficionado al burdel, uno de los pocos filósofos que valoraba por igual la bodega y la biblioteca, ¿tenía el mismo derecho que Parménides o Heráclito a que se lo considerara filósofo? Vamos...

Anagrama , Barcelona , Analoga, Texto Contemporaneo, 2008, Página pp. 107 y 108.