El ocaso del pensamiento de Emil Mihai Cioran

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Me gustan las gentes del Antiguo Testamento: son pacientes y tristes. Los únicos que le han pedido cuentas a Dios cuantas veces han querido; que no han dejado de pasar ocasión de recordarle que era despiadado y que ellos ya no podían esperar más tiempo. Por entonces los mortales tenían instinto religioso, hoy sólo fe y ni siquiera eso. El mayor fracaso del cristianismo es no haber sabido endurecer las relaciones entre el hombre y el Creador. Demasiadas soluciones y demasiados intermediarios. El drama de Jesús ha aliviado los sufrimientos y ha suprimido la exaltación de la hombría en los asuntos religiosos. En otra época se levantaban los puños al cielo, hoy sólo las miradas.

Tusquets , México , Analoga, Texto Contemporaneo, 2009, Página 121