Las sabidurías de la Antigüedad. Contrahistorias de la filosofía I de Michel Onfray

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La lógica de los vencedores. En el juego de los contextos, hay uno que nos es ciertamente el menos importante: el de las apuestas ideológicas que atraviesan la historia de las ideas y oponen una tradición hedonista a su conocida enemiga, la del ideal ascético. Por un lado, Leucipo, Demócrito, Aristipo, Diógenes, Epicuro, Lucrecio, Horacio, etc. –la tradición cuyos grandes representantes aparecen reunidos por primera vez en esta obra– y, por otro, sus rigurosos contemporáneos: Pitágoras, Parménides, Cleanto, Crisipo, Platón, Marco Aurelio, Séneca. Atomistas, monistas, abderitas, materialistas, hedonistas, contraidealistas, dualistas, eleatas, espiritualistas y sostenedores de la línea ascética. La filosofía, en su período griego, pero también después, ha presentado siempre un doble rostro, del que se muestra y se privilegia un sólo lado. Pues, al salir triunfadores, Platón, los estoicos y el cristianismo imponen su lógica: odio al mundo terrenal, aversión a las pasiones, las pulsiones y los deseos, desacreditación del cuerpo, el placer y los sentidos, sacrificados a las fuerzas nocturnas, a las pulsiones de muerte. Es dificil pedir a los vencedores que escriban objetivamente la historia de los vencidos...

La historia de la filosofía, tal como aparece en las enciclopedias y los manuales, como se la enseña y se la trabaja en la universidad, se la edita, se la difunde y se la promueve, se confunde con la de los vencedores. Nada de piedad para los vencidos, a quienes se desprecia, se olvida, se desdeña, o, lo que es peor aún, se desacredita mediante la caricatura. De manera que el corpus presocrático, en su vertiente hedonista, es el pariente pobre de la enseñanza y de la edición. En consecuencia, no se abordan con serenidad los conceptos escenciales que los definen: ¿cómo leer la palabra materia?, ¿cómo pensar el átomo?, ¿qué son los dioses, Dios o lo divino?, ¿que hay que entender por placer?, ¿y por alegría?, ¿y por deseo?, ¿qué definición damos del soberano bien?, ¿es el cuerpo antiguo y griego semejante al cuerpo posmoderno o poscristiano?

Pero no sólo para los ganadores es imposible enunciar con serenidad la verdad de los perdedores; los vencidos tampoco pueden escribir con serenidad su propia historia. Más aún cuando la composición sólo cuenta con fragmentos aleatorios y contextos reductores... De esta manera, leer a los filósofos de la antigüedad y perseguir en su obra lo que en ellas haya sobre el placer y su estatus, buscar el hedonismo que palpita en los fragmentos esparcidos de obras desaparecidas, es indefectiblemente forzar, traicionar, infligir torsiones, ejercer coerción. Verdad del momento, verdad de una lectura, verdad de una proposición subjetiva, el perspectivismo y el relativismo que reivindico existen ya en los grandes antiguos...

Anagrama , Barcelona , Analoga, Texto Contemporaneo, 2008, Página pp. 34 y 35.