Blog de Rodrigo de Ávila Gómez

Excavación del sujeto

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Del instinto religioso

Publicado el 15/12/2010

Nosotros somos ahora sujetos seculares. Y seguimos determinados en nuestra subjetividad por grandes entes inmateriales, los de la sociedad civil, la humanidad y la democracia política. Lo que importa es ver como cada contenido, de alguna manera, delimita su interpretación. Y esta tiene efectos que repercuten en el total de la subjetividad humana, de lo epistémico a lo estético. La idea del dios abrahámico, específicamente moral, es una totalidad inclemente que establece un yugo específico bajo su pueblo. Pero ese mismo tipo de figura divina permite el desbordamiento de un sentimiento religioso, que es la catarsis primordial de la subjetividad antigua. Por eso Cioran escribió que hoy ni siquiera tenemos ya fe, el alejamiento de lo divino, secularizado por la ciencia, no nos permite reconocer en Dios algún fundamento absoluto; más bien, no nos permite reconocer ningún fundamento absoluto bajó la subjetivación necesaria para considerarlo una fuerza trascendental. Hegel escribió que el nombre "dios" no dice nada, es la predicación la que verdaderamente da sentido al significado vacío de Dios. De esta manera, el hombre antiguo veía en Dios un espejo en el que cabía la totalidad de la naturaleza y el más allá; ubicaba un rostro al que podía reclamar y exigir esa totalidad. El hombre moderno no ve refejado nada en ese espejo, en el mejor de los casos no ve nada; y en el peor ve reflejada justamente la negatividad de un mundo que no tiene una realidad verdadera: el significante sin sentido.
Claro que en referencia a la religión abrahámica pensamos las repercusiones en un sentido moral, pero esto puede entenderse como una retroalmentación de caracter estético o gnoseológico según la imagen de divinidad que se escoja. Esto es el reconocimiento de una gran alteridad, como la llamaría Levinas, que limita pero al mismo tiempo da su potencia al ser humano. Por tanto, la pobreza de la experiencia religiosa hoy día confiere una nueva forma de potencialización quizá más estrecha, la de lo humano que aspira a lo puramente humano y después a lo más humano que humano. Una antroponimia axiológica que ya no refiere a la homomesura desde una posición epistemológica y relativa sino metafísica y absoluta.

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