Blog de Carlos Béjar

El Callejón De Las Trompadas

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Escritos preparatorios (II)

Publicado el 15/12/2010

VII. INTRODUCCIÓN. No podemos comenzar nuestra exposición y análisis de la lectura que Deleuze hace de Aristóteles sin hacer hincapié tanto en el propósito de fondo que motiva la crítica como en las condiciones de posibilidad de la misma. Pues si bien la lectura que Deleuze hace de Aristóteles es sin duda una lectura crítica, ésta debe entenderse desde el punto de vista de que la de Deleuze es una filosofía fundamentalmente afirmativa. El propósito que motiva la crítica puede verse, desde un lado, como el del intento reiterado de denunciar y destronar lo que él llama la imagen dogmática del pensamiento. La crítica que Deleuze hace de Aristóteles se enmarca, en este sentido, dentro de una batalla más amplia que tiene otros enemigos que Aristóteles (Platón, Descartes, Kant, Hegel) y en la cual una red más amplia de conceptos que los utilizados en la lectura sobre Aristóteles forman parte del armamento deleuziano contra tal imagen. Desde el otro lado, si se profundiza lo suficiente en los postulados deleuzianos más generales, la crítica parece un mero derivado o una consecuencia inevitable de lo que fue una afirmación primera. Los conceptos involucrados en la crítica a Aristóteles son dos principalmente: diferencia en sí y univocidad del ser, mismos que serán opuestos a la diferencia conceptual aristotélica y a su famosa multivocidad del ser. Mas lo propio de una filosofía fundamentalmente afirmativa como la de Deleuze implica que la crítica como momento negativo (pars destruens) desempeñe sólo el papel de consecuencia de una primera afirmación sostenida (pars construens). No podemos estar, pues, de ninguna manera de acuerdo con Juan Manuel Aragüés cuando afirma que la filosofía de Deleuze, por ser (como la de Nietzsche) una filosofía de combate, tiene que comenzar con una negación. Aragüés llega al extremo de decir que “el camino hacia el pensamiento afirmativo que Deleuze propugna pasa por la negación –doble negación, por tanto- del pensamiento negativo, de la dialéctica” (La filosofía de Gilles Deleuze, pág. 19). No se da cuenta de que al determinar de esa manera el pensamiento del filósofo francés no hace sino inscribirlo en el torbellino dialéctico hegeliano del cual es tan complicado sustraerse. Contrariamente a lo que afirma Aragüés, la filosofía afirmativa de Deleuze tiene una decidida vocación destructiva pero sólo porque primera y principalmente tiene una vocación creativa. En la lectura que Deleuze hace de Aristóteles veremos cómo la emergencia de nuevos componentes para un concepto como el de “diferencia” significan una verdadera creación afirmativa que genera inmediatamente consecuencias críticas inevitables. Parte importante del propósito de este ensayo es mostrar cómo la crítica de Deleuze es profundamente coherente con el resto de su pensamiento en este sentido señalado. Siendo éste un complejo entramado de conceptos que resuenan de diferentes maneras a lo largo de su obra con el único fin propugnar la imagen dogmática en la que el pensamiento se ha aprisionado, es la tarea del comentarista el hacer visible tanto el carácter meramente secundario de toda la crítica deleuziana, como la afirmación primera, creadora, de la que deriva dicha crítica. François Zourabichvili, lector de Deleuze más atento que Aragüés, da cuenta de la desnaturalización que provoca la inversión que supone el tener a la negación por motor del pensamiento. Se parte de la tesis de que el pensamiento no piensa sino a consecuencia de un encuentro con los signos-fuerzas del Afuera que le hacen violencia y que lo fuerza a pensar. Esta violencia de lo que fuerza a pensar “se convierte en agresividad crítica para con una problemática todavía presente pero ya comprometida”. El interés de la crítica […] sólo tiene sentido en función de un acto de ruptura ya iniciado: se ha pasado a otro plano, se critica siempre desde otro punto de vista. Al igual que su parte conceptual positiva, la parte crítica de una filosofía depende de un acto de pensar que sitúa de entrada al filósofo en otro lugar. Ella mide la distancia que separa a esta filosofía de las que la precedieron, mostrando de qué modo un problema o un concepto han perdido algo de su sentido desde el punto de vista del acto nuevo (Deleuze. Una filosofía del acontecimiento, pág. 68). En general podemos decir que la crítica de Deleuze a Aristóteles está enteramente formulada en estos términos que Zourabichvili nos facilita. Veremos que aquello que violenta al pensamiento fue primeramente domado, representado, de manera que el fondo dionisiaco de las diferencias fue desde hace largo tiempo reprimido y desnaturalizado. El acto inaugural deleuziano no es pues una crítica, sino un diagnóstico que expone cómo esa primera diferencia afirmada fue mediatizada, a la vez que una liberación de la misma, es decir, una vuelta al acto afirmativo mismo del que deriva su crítica.

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