Walter Benjamin ((Berlín, 15 de julio de 1892 – Portbou, 27 de septiembre de 1940))

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La singularidad del pensamiento de Walter Benjamin se consigna en la fuerza política y la agudeza especulativa con las que se ejerce. Su proyecto más general podría especificarse como el esfuerzo por mostrar el carácter tecnológico-político del poder del lenguaje. Su pensamiento, de carácter ensayístico y fragmentario, se ejerce como un mecanismo de relectura crítica de todas las técnicas especulativas de su época. Así, pensamiento marxista, tradición judeocristiana, genealogía nietzscheana, psicoanálisis, crítica literaria, procedimientos artísticos, se citan para hacer, lo que podíamos llamar, un collage-pensamiento, cuya potencia se halla en lo que permite interpretar y producir. Por ello, el proyecto benjaminiano podría caracterizarse como una técnica de interpretación política que trata sus materias como alegorías; es decir, como montajes de citas que funcionan produciendo sentidos múltiples.
     Para Walter Benjamin, la crítica se efectúa, primeramente, como un trabajo de lector atento preocupado por el “instante de un peligro” presente y por la producción de un porvenir diferente. Se trata de un mecanismo de lectura y producción de sentidos siempre precavido con esa “felicidad” en la que “vibra inalienablemente la redención” y que reusa y desplaza técnicas de crítica literaria, filología y filosófica para “su
movilización al servicio de la lucha, al servicio de la modificación de la realidad”. Su primera operación siempre es hacer el examen de las categorías gramaticales a partir de las cuales se construye un concepto. La tarea de producción crítica de conceptos debe poner en operación un “trazo caprichosamente constructivo” para innovar artilugios teóricos nuevos. De allí que la crítica para Benjamin se ejerza siempre como un dispositivo que trabaja las experiencias culturales, sus síntomas y sus individuaciones.